Slem

Slem es una de las marcas del portfolio de Briolf, el holding para el que trabajo, dedicada a productos de refinishing para talleres de coches. Era la que más me gustaba de todas porque desde el principio me dijeron que querían algo más lujoso y exclusivo que el resto — y eso para mí era un regalo, la verdad. Tener ese margen para trabajar con una estética más cuidada, más oscura, más premium... es exactamente el tipo de proyecto que me pone

Client

Roberlo

Year

2026

Project type

Branding / Brand Architecture / Brand Strategy

Díptico AeroLine — mi favorito con diferencia

Este es sin duda el proyecto del que más orgulloso estoy de toda la colaboración. AeroLine es un proceso de repintado que hace que los talleres trabajen el doble de rápido gastando mucho menos energía. El concepto que desarrollamos fue el de la aviación — tu taller "vuela en primera". Aviones, pista de despegue, velocidad... Me encantó porque no estábamos vendiendo un producto concreto sino una forma de trabajar completamente diferente, y eso creativamente da muchísimo juego. La primera página es puro impacto visual y la segunda explica cómo funciona todo. Un díptico que entra por los ojos y convence con los datos. De los proyectos que más me han gustado hacer, sin duda.

Lo primero que hice para Slem fue este flyer, y fue bastante especial porque fue la primera vez que metí inteligencia artificial de verdad dentro de un proyecto. Usé IA para generar y retocar parte de las imágenes del producto — fui aprendiendo a dirigirla, a ajustar los prompts hasta conseguir lo que necesitaba — y después lo integré todo dentro del sistema visual de la marca. Fondo oscuro, detalles en dorado, mucho contraste... La pistola ya era de por sí una edición limitada con un grabado que parece una joya, así que quería que el flyer estuviera a la altura. Me quedé bastante contento con el resultado y sobre todopara ser de mis primeros trabajos.

Manual de Cartelería

También me encargué del manual de cartelería de la marca. Las reglas del juego visuales, básicamente: cómo se usa el logo, qué colores van dónde, qué tipografías, cómo tienen que verse los carteles en un taller... No es la pieza más glamurosa del portfolio pero es la que hace que todo lo demás tenga sentido. Si esto está bien hecho la marca se ve sólida en cualquier sitio, y mola mucho cuando ves que las piezas que vienen después encajan solas.

Hice de todo: el manual de cartelería que le dio coherencia visual a la marca entera, un flyer para una pistola de edición limitada donde metí por primera vez inteligencia artificial dentro de un flujo de trabajo real — aprendiendo a dirigirla, a ajustar prompts, a integrarla sin que se note — y el díptico de AeroLine, que es sin duda la pieza de la que más orgulloso estoy. Ese concepto de "tu taller vuela en primera", la estética de aviación, el hecho de estar vendiendo una forma de trabajar y no solo un producto... fue de esos proyectos que te recuerdan por qué te mola esto. Y luego todo lo demás: papelería, etiquetas, mock ups, calendarios... ese trabajo más silencioso que hace que una marca se vea cuidada de verdad en todos lados.

Y creo que Slem me enseñó algo importante que estoy empezando a entender de verdad: que diseñar no va tanto de inventarse las cosas de cero. Va de darle un lugar. Un espacio visual a algo que ya tiene una idea, una dirección, una intención. El producto ya existía, el concepto ya estaba, la marca ya tenía carácter — mi trabajo era encontrar la forma de que todo eso se viera, se sintiera, ocupara el espacio que merecía. Y eso, cuanto más lo practico, más me parece lo más bonito de este oficio.

Hice de todo: el manual de cartelería que le dio coherencia visual a la marca entera, un flyer para una pistola de edición limitada donde metí por primera vez inteligencia artificial dentro de un flujo de trabajo real — aprendiendo a dirigirla, a ajustar prompts, a integrarla sin que se note — y el díptico de AeroLine, que es sin duda la pieza de la que más orgulloso estoy. Ese concepto de "tu taller vuela en primera", la estética de aviación, el hecho de estar vendiendo una forma de trabajar y no solo un producto... fue de esos proyectos que te recuerdan por qué te mola esto. Y luego todo lo demás: papelería, etiquetas, mock ups, calendarios... ese trabajo más silencioso que hace que una marca se vea cuidada de verdad en todos lados.


Creo que Slem me enseñó algo importante que estoy empezando a entender de verdad: que diseñar no va tanto de inventarse las cosas de cero. Va de darle un lugar. Un espacio visual a algo que ya tiene una idea, una dirección, una intención. El producto ya existía, el concepto ya estaba, la marca ya tenía carácter — mi trabajo era encontrar la forma de que todo eso se viera, se sintiera, ocupara el espacio que merecía. Y eso, cuanto más lo practico, más me parece lo más bonito de este oficio.